de un orden falso y muerto en su fracaso.
El postureo buenista del payaso
se tornó en epidemia, peste y muerte.
Como una mierda en un basurero
terminó la tramoya globalista
con su memez blandengue y progresista
cocida en sanedrines de usurero.
En un guiño macabro del destino,
fue un obsceno desfile de rameras
el que extendió ponzoñas y vileza.
El buenismo fue al final el asesino:
Como necios abrimos las fronteras
y nos llegó la muerte y la tristeza.
J. L. Antonaya