¿Otra letra en el libro de lo eterno?
¿Un apunte de entrada en otro infierno?
¿O un descanso entre niebla, olvido y gozo?
Nadie ha visto Su rostro sin embozo.
Ni ha soplado dos veces en el cuerno
que suena en los confines del averno
contando eternidades trozo a trozo.
¿Alumbrarán mi paso en la partida
los camaradas que me precedieron
de Caronte viajeros en la barca?
Nadie sabe si hay vuelta en esta ida
ni ve el destino de los que partieron.
Nadie manda su foto con la Parca.
J. L. Antonaya