Ítaca es un anhelo
y el astuto Ulises sueña
recibimientos y abrazos.
Pero los dioses se ríen.
Y un cíclope, desde una playa
incógnita y luminosa,
observa en el horizonte
aquella nave liviana
donde mortales ingenuos
creen gobernar singladuras.
Los dioses se descojonan.
J. L. Antonaya