Hace poco me sorprendía un conocido locutor de radio, máximo vocero en España de la franquicia neocon, criticando al separatismo catalán con la frase de que cierto conventículo separatista, llamado Consejo Estatal Catalán o gilipollez similar, era condenable porque atentaba contra "lo más sagrado". ¡Coño! ¡Cáspita! - me dije - Esto sí que tiene gracia. Que uno de los representantes del liberalismo más salvaje, de la moral más materialista y de la ortodoxia democrática más repugnante invoque lo sagrado para oponerse a la sucia demagogia separatista, tiene su punto. Como el susodicho locutor fue en sus orígenes un pequeño pero activo miembro del comunismo español en su rama maoísta antes de convertirse en un fan de Esperanza Aguirre, del Club Bilderberg y de los U$A, supuse que, batiendo el récord de Saulo de Tarso, había tenido una segunda caída del caballo y se había convertido en un español decente.
El espejismo sólo duró un segundo.
Y es que resulta que para el pequeño y vocinglero locutor "lo más sagrado", según explicó a continuación, es el "orden constitucional". Toma ya. O sea, que según este tipo y sus numerosos y pusilánimes acólitos, el separatismo es condenable no porque persiga el criminal propósito de romper España, sino porque no se atiene a lo establecido en la misma chapucera Ley que, precisamente, ha permitido y fomentado el auge del separatismo. Lo triste es que, en el fondo, este estúpido razonamiento es asumido alegremente por derechas e izquierdas como máximo argumento antisecesionista. En unos casos por cobardía, en otros por malevolencia y en los más por puro y simple papanatismo.
La mojigatería políticamente correcta que se difunde en nuestras televisiones, radios, cines y aulas, ha venido condenando como cosa propia de malvados fachas el reivindicar cualquier clase de orgullo nacional. Exhibir la Bandera Nacional fuera de eventos deportivos pronto estará prohibido. Sólo hace falta que el estebanibarra o gallardón de turno considere que hay alguna minoría extraeuropea que se pueda sentir ofendida.
El patriotismo en España es, de facto, delito.
Mientras se permite y hasta se aplaude que la Bandera de España sea quemada en actos públicos, se persigue sañudamente a los pocos españoles que tienen el valor y la decencia de reivindicar la Unidad de España. Los detenidos de Blanquerna y todos los patriotas que, a pesar de todo, siguen defendiendo la unidad nacional saben de lo que hablo
Y todavía hay quien se cree que con una sociedad capada moralmente, con la cobardía institucionalizada y con melindres leguleyos como argumento máximo, España está preparada para resistir la cornada separatista. Así nos va.
J.L. Antonaya