Este Madrid sin voz ni actividades
es la caricatura de una fosa.
La calle desolada y silenciosa
es un osario al sol de soledades
Es un charco podrido en suciedades,
una cárcel malsana de tristeza,
un gulag enfermizo de vileza
un bacín de sopor y necedades.
Es un pecio sombrío tocando fondo
en un naufragio denso y deleznable
de sandeces y versos desechados.
La cagada y el vómito hediondo
de un gobernante necio y miserable
en sus vasallos presos y arruinados.
J.L. Antonaya