omnipresente ubícuo y fatigante.
No hay rincón, cubil, muro o estante
que no sufra su abuso y desmesura.
No hay pícaro, trilero o caradura
que no luzca el grimoso y chirriante
multicolor brochazo biempensante
emblema de una nueva dictadura.
Un mercado subasta la patente
oficial de la virtud política
y pinta en colorín su hegemonía.
Un festival hortera intransigente
con furor persigue cualquier crítica
a su policromada tiranía.
J. L. Antonaya